viernes, 18 de enero de 2013

Corazón de hielo.

Aquí comienza la narración de una historia cualquiera, común a todos. Como no podía ser de otra forma nuestra historia a narrar comienza con un "Erase una vez...". Solo quiero dar a destacar que puede ser la historia de cualquiera, para aquellos que se interesen si, podría ser mi historia propia, sin embargo no hace falta sacar conclusiones precipitadas. Sin más preámbulos comencemos con nuestra historia.





  Erase una vez un chico cualquiera, nacido en una gran ciudad en la que transcurrió su preescolar, una pequeña parte de su vida. Posteriormente nuestro pequeño protagonista se trasladó a otra ciudad, más pequeña, más calmada, o eso es lo que pensaba él.

  Comenzó la educación primaria, con los típicos miedos de ser nuevo en una ciudad desconocida para él, pero siempre dando la cara. No tardó mucho en hacer diversas amistades y en descubrir su pasión por el deporte y la música. Nuestro pequeño protagonista fue creciendo en estatura y sabiduría, pero sin duda le quedaba mucho camino por recorrer, tendría que superar numerosas dificultades, pero nada comprado con lo que llegaría a continuación.

  De esta forma, casi sin darse cuenta nuestro protagonista llegó a la adolescencia, a la educación secundaria. Hasta esta etapa solo se preocupaba por sus conocimientos, ir avanzando curso a curso, sin embargo se dio cuenta y se preguntó a si mismo ¿qué es el amor?, ¿qué se siente al estar enamorado?, ¿cómo sabré cuándo estaré enamorado?... Instantáneamente su corazón le dio una respuesta, le dijo que ya llegaría el momento pero que no solo le tenía que escucharle a él, sino también a sus pensamientos. Así nuestro adolescente, superando los diversos cursos, le llegó una oportunidad inesperada, por fin alguien le pidió un beso, con esa mente tan poco preparada e inexperta en el tema del amor dijo que si, sin duda alguna, sin saber si sentía algo por esa chica. Una vez dio lo que la chica le pidió él se fue a casa, y se dijo a si mismo ¿esto es lo que de verdad se siente?... Lo que no sabía es que lo que el entendió le llevaría a fracasar, se dejó llevar. Posteriormente esa chica conocida de apenas unas semanas le pidió más, él acepto, sin apenas sentimientos, se dejó llevar por lo que le dijeron los demás. Una vez hecho ya no había vuelta atrás, sin apenas sentimientos, él creía que había hecho lo correcto, sin embargo su corazón se quedó frío, sin sentimientos, sin ese calor tan característico del amor.
A lo largo de su adolescencia conoció a muchas más chicas, ya se volvió una costumbre para nuestro chico ese de dar besos en la boca, pero él no se daba cuenta de que así lo empeoraba, su corazón seguía congelándose.

  Casi al final de la etapa en la que nos encontramos nuestro protagonista conoció a una chica, la cual le marcó, pero él no se dio cuenta, debido a que su corazón estaba ya casi completamente helado. Esta chica no fue distinta a las demás en una primera estancia, pero cuando esta dejó la relación de lado el corazón de nuestro chico recibió un gran mazazo, al estar formado por cristales de hielo, se fragmento en muchos pedazos, provocando mucha confusión y desconcierto en sus sentimientos. Se arrepintió y buscó arreglarlo de todas las formas posibles, pero no lo consiguió, se le había escapado su primer amor en su vida, y él sin apenas saberlo recogió los pedazos de hielo y los guardó con cuidado.


  Nuestro chico, dolido supo lo que en realidad era madurar al completo. Comenzó una nueva etapa, su bachillerato, ilusionado y con ganas, pensó en pasar por un tiempo de sus bobadas y sobre todo del amor. Aunque él pensaba que lo peor ya había pasado, estaba muy equivocado consigo mismo.


  Cuando creía estar preparado para volver a sentir conoció a otra protagonista en esta historia, salió con ella, él pensaba en haber asentado la cabeza, y lo más importante, sus sentimientos. Sin embargo todos los días miraba los pedazos de hielo de su antiguo corazón, le daba miedo que ocurriese lo mismo aquella vez. La relación esta vez siguió adelante, pero inexplicablemente para él algo no funcionó, todo se desmoronó, su corazón no había vuelto a vivir, seguía helado. Ante esta sorpresa nuestro protagonista no supo que hacer, se refugió en sus amigos. 


  Pasado un tiempo se dio cuenta de que dentro de sus amigos si que podría haber alguien especial, la escogió a ella, sin saber por qué, pero la escogió. Nuestro protagonista se olvidó de su viejo corazón helado, de sus antiguos y obsoletos sentimientos.

  
  Grata fue la sorpresa que se llevó nuestro queridísimo protagonista cuando abrió ese baúl olvidado y se dio cuenta de que algo había cambiado, su corazón volvía a latir, había resurgido cual ave fenix...
[...]
Continuará...

                                                                   -Diego Guarde Arconada 

viernes, 11 de enero de 2013

Ánimo.

Tomo notas, indistintamente, con un bolígrafo o con un lápiz colocados junto al ordenador, sobre un cuaderno escolar, de rayas. Al lápiz hay que sacarle punta de vez en cuando, lo que constituye una actividad artesanal que sirve también para la reflexión. Pero la diferencia más notable entre él y el bolígrafo es su modo de perecer. El bolígrafo no cambia de apariencia ni siquiera cuando se encuentra en las últimas. Y deja un cadáver tan curioso que nadie diría que está muerto si no fuera porque no pinta nada ya, aunque resucite a veces de improviso y trace un par de líneas, incluso un párrafo, antes de volver a expirar. La gente se resiste a desprenderse de los bolígrafos vacíos porque continúan como nuevos. Sólo se consumen por dentro, en fin, y siempre se acaban a traición, como el butano. El lápiz, en cambio, agoniza por dentro y por fuera a la vez, y deja un cadáver mínimo, un detrito del que uno se deshace sin ningún sentimiento de culpa. Punto y aparte.

La naturaleza presenta casos semejantes al del bolígrafo. Ahí está el caracol, que envejece sin una sola arruga exterior, sin un fruncido. Y no hay que sacarle punta cada poco: él mismo, mientras vive, asoma los cuernos al sol, caracol quiscol, y una vez muerto, si te encuentras la concha en un tiesto o en el agujero de un árbol, la guardas en el bolsillo y al llegar a casa la colocas junto a los bolígrafos difuntos. Tenemos una pasión curiosa por la cáscara, de ahí la afición a las cajas, sobre todo a las cajas fuertes. Hay personas que coleccionan pastilleros vacíos, que viene a ser lo mismo que guardar bolígrafos sin tinta, con los que sólo se pueden escribir poemas inexistentes, que muchas veces son los mejores.

Pese a todo, tal vez sea más digna la actitud existencial del lápiz que la del bolígrafo, la de la babosa que la del caracol, aunque no dejen cáscara para los arqueólogos. Conviene sacarse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la novela o la vida. Pero eso constituye un ejercicio de conciencia, y quizá de consciencia, bastante saludable. Ánimo.

- Juan José Millás.

lunes, 7 de enero de 2013

Lo que realmente importa.

"Tu tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, el cual es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás callen tu propia voz interior. Y, lo más importante, ten el coraje para hacer lo que te dice tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben de algún modo en qué quieres convertirte realmente. Todo lo demás es secundario"
                                                                                             
                                                            - Steve Jobs



Este gran monólogo de Steve Jobs nos muestra lo que realmente es importante e imprescindible en nuestras vidas, que es vivir nuestra vida propia, sin hacer caso a lo que el resto de personas te digan o piensen de tu forma de vida.
Cada uno tenemos nuestra propia forma de vida, no hay que dejarse influenciar por lo ajeno, las elecciones que hemos tomado, tanto como las que tomaremos en un futuro, deben de ser respetadas y aceptadas por todos, y la más importante, por la persona que las toma.
Nuestra vida son las decisiones o por llamarlo de otra forma más amena, los caminos que decidimos tomar a lo largo de nuestras vidas, solo esas decisiones reflejarán lo que en realidad somos, nuestra verdadera personalidad.
Dicho esto solo queda llevar todo esto a la práctica.
Como experiencia personal solo decir que puede que en ocasiones, no eligiese la opción correcta, pero nunca me he dejado influenciar por los comentarios de los demás, por lo que estoy orgulloso.
Para concluir, solo decir que quien lea esto, viva su vida solo como él sabe, no como el resto cree que debería vivirla.